sábado, 29 de octubre de 2011

EL GURMUKI: UNA LENGUA "PENSADA" PARA HABLAR


Kriya, mudra, asana, mulhabanda, Adi Mantra, Sat Nam... Son palabras con las que poco a poco las personas que practican yoga se van familiarizando, y las van comprendiendo a base de asistir a clases y de algunas explicaciones aisladas de los profesores. ¿Pero de dónde vienen esas palabras que atesoran una rotunda musicalidad? ¿A qué lengua pertenecen? ¿De qué tiempo y lugar del mundo proceden? La historia de este idioma, llamado comúnmente gurmuki, es la historia de unos conocimientos ancestrales que se han resistido a ser olvidados con el paso del tiempo y hoy están más vivos y vigentes que nunca.

En el sur de Europa existen muchas lenguas que tienen un antepasado común: el latín. Del latín provienen el castellano, el catalán, el francés, etc. El latín cumplió hace 2.000 años el papel de crisol donde se fraguaron muchos de los idiomas actuales. En buena parte de Asía, ese papel lo jugó otra lengua: el sánscrito, del que el filólogo William Jones llegó a decir: "Una maravillosa estructura, más perfecta que el griego, más copiosa que el latín y más exquisitamente refinada que ningún otro lenguaje". El sánscrito, que a su vez era una evolución del indoario antiguo, se hablaba en el interior de una inmensa zona geográfica que englobaría el territorio que hoy ocupan Irán, Afganistán, Pakistán, India, Nepal, Tíbet y Bhutan.

Como siempre ocurre, el sánscrito, ya documentado hacia el año 1.000 a.c., fue evolucionando y mutando según las regiones, y de ese tronco común, de ese crisol, surgieron otras muchas lenguas. Una de ellas fue el punjabi. Como su nombre indica, el punjabi se desarrolló en la zona del Punjab, limítrofe entre India y Pakistán, en plena cadena del Himalaya. Hoy en día, todavía hablan este idioma, en sus diferentes variedades, unos ochenta millones de personas. Sin embargo, el punjabi, como otras lenguas derivadas del sánscrito, no poseía alfabeto propio y era usada y transmitida únicamente según la tradición oral. La misma tradición oral en la que los conocimientos del yoga habían sido transmitidos durante 4.500 años sin perderse en el olvido.

Pero en el siglo XV ocurrió algo inesperado. Varios sabios de la zona, conocidos desde entonces como los Diez Gurús, decidieron poner por escrito toda su sabiduría técnica, humana y espiritual al servicio de una idea: el yoga y todo su mundo debían sobrevivir, transcritos en un papel y salvaguardados para siempre del olvido. Y para hacerlo escogieron el gurmuki (también escrito gurmuji o gurmukhi), un alfabeto escrito que había evolucionado del brahmi y en el que se completó el Guru Granth Sahib, el libro donde se resumía todo el saber atesorado por los Diez Gurús.


Así que cuando en clase cantas un mantra, lo haces en punjabi, y cuando lo lees, lo haces en gurmuki.
Esas son las lenguas que atesoran esas bellas palabras, lenguas capaces de hacer brotar la poesía en apenas un punñado de estrofas:

"Keteea karma bhoomee mer kete, kete dho updes. Kete ind chand soor kete, kete mandal des. Kete dev daanav mun kete, kete ratan samund. Keteea khanee keteea baanee, jete paat narind."

("Numerosos son los mundos donde la gente puede librarse de sus karmas. Numerosos los Indras, los soles y estrellas, los sistemas solares y los países. Muchos los dioses, los demonios y los santos, y muchas las joyas de los océanos. Muchas las formas de vida, las lenguas y las dinastías de los reyes.")

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